Eva, seducida por lo prohibido, gustaba de vivir al límite, jugando en la frontera entre lo legítimo y lo ilegítimo, entre la rutina y la improvisación. Creo que sé qué sintió ella misma cuando mordió la manzana, libre de ataduras y plena de sentimiento. Con la adrenalina por las nubes, quería evitar llevar una vida repetitiva, erotizada por lo prohibido. A veces soñaba con la tentación de ir al árbol al que Dios le prohibió ir a contemplar las manzanas, verlas, tocarlas, olerlas, estar al límite de la frontera, o al límite del bien y del mal que cantaba "La Frontera" (valga la redundancia) parafraseando a Nietzsche. ¿Hizo bien, hizo mal? ¿Debió dejar la manzana en su sitio o sin embargo debió comérsela entera? A mi entender, lo más correcto hubiese sido dejar los dientes marcados, de la misma manera que se marca la línea de lo cotidiano y lo prohibido dando un toque picante a su vida ayudándola a fantasear. De esa manera tiene lo mejor de su vida y de la que a veces puede soñar una persona con algo en concreto.
Si llega el caso de que yo muerda esa manzana más de la cuenta, no sé si me arrepentiría, pero haría algo con lo que llevo años fantaseando. Con cualquier otra persona sí, pero con ella no vería tocada mi fidelidad, habla mi pasmosa tranquilidad al escribir esto sin remordimiento. Es lo que pienso mientras paso mi lengua por la manzana. Nunca se sabe lo que podría opinar si mis dientes se aferran a ella en una húmeda noche.






3 comentarios:
Yo mordí una vez de esa manzana que cuentas, bueno era más bien un platano XD
Nunca me he arrepentido, y no soy soltera.Además estoy pensando en repetir, eso si, es el mismo plátano. ;)
Un beso!
Esa manzana es como bien dices el fruto prohibido pero es tan excitante en ocasiones lo prohibido
Un susurro cálido
Me alegra saber que no soy el único que piensa más o menos igual. Dicen por ahí que este tipo de situaciones rejuvenece, mezcla de adrenalina y morbo.
Besos!
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