domingo, 15 de junio de 2008

Manzanas que como con la mirada

El día que hablé de lo que me ha acompañado mi webcam, comenté que me daban más morbo fotos de mis amigas desnudas que las de mi propia pareja, quizás porque son algo prohibido o que están a medio descubrir, sacando facetas nuevas de ellas. En casos distintos, a las que no he tenido la suerte de ver desnudas pero sí haber tenido noches animadas en discotecas o fiestas (perderse por un rincón oscuro a no ver, sino a tocar), y una de ellas en particular aún la tengo en mente. Con ella no comparto fotos (ya no lo hago con ninguna), pero sí algunas intimidades, como que después de haber pasado una noche especial con ella (tres meses antes de empezar con mi anterior pareja) y quedarme esperando para completarla en mi antiguo piso de estudiante, me masturbé pensando en ella. Pasamos el día "después de" juntos y a la noche, antes de ducharme, no lo pude remediar. Muchas veces tonteo con ella vía MSN, nos vemos de vez en cuando pero sin roce alguno, sólo que somos conscientes de que nos atraemos, a pesar de nuestros estados (ninguno de soltería completa). Ella es mi particular manzana del edén, ésa que por culpa de un mordisco, un tal Dios expulsó a Eva y Adán del Paraíso. Creo que puedo ahorrarme la historia para dar mi particular visión de aquello:
Eva, seducida por lo prohibido, gustaba de vivir al límite, jugando en la frontera entre lo legítimo y lo ilegítimo, entre la rutina y la improvisación. Creo que sé qué sintió ella misma cuando mordió la manzana, libre de ataduras y plena de sentimiento. Con la adrenalina por las nubes, quería evitar llevar una vida repetitiva, erotizada por lo prohibido. A veces soñaba con la tentación de ir al árbol al que Dios le prohibió ir a contemplar las manzanas, verlas, tocarlas, olerlas, estar al límite de la frontera, o al límite del bien y del mal que cantaba "La Frontera" (valga la redundancia) parafraseando a Nietzsche. ¿Hizo bien, hizo mal? ¿Debió dejar la manzana en su sitio o sin embargo debió comérsela entera? A mi entender, lo más correcto hubiese sido dejar los dientes marcados, de la misma manera que se marca la línea de lo cotidiano y lo prohibido dando un toque picante a su vida ayudándola a fantasear. De esa manera tiene lo mejor de su vida y de la que a veces puede soñar una persona con algo en concreto.

Si llega el caso de que yo muerda esa manzana más de la cuenta, no sé si me arrepentiría, pero haría algo con lo que llevo años fantaseando. Con cualquier otra persona sí, pero con ella no vería tocada mi fidelidad, habla mi pasmosa tranquilidad al escribir esto sin remordimiento. Es lo que pienso mientras paso mi lengua por la manzana. Nunca se sabe lo que podría opinar si mis dientes se aferran a ella en una húmeda noche.

3 comentarios:

amor amargo dijo...

Yo mordí una vez de esa manzana que cuentas, bueno era más bien un platano XD
Nunca me he arrepentido, y no soy soltera.Además estoy pensando en repetir, eso si, es el mismo plátano. ;)
Un beso!

Susu dijo...

Esa manzana es como bien dices el fruto prohibido pero es tan excitante en ocasiones lo prohibido



Un susurro cálido

el esclavo del reloj dijo...

Me alegra saber que no soy el único que piensa más o menos igual. Dicen por ahí que este tipo de situaciones rejuvenece, mezcla de adrenalina y morbo.

Besos!